El director del ISSSTE, Martí Batres, salió hoy con una nueva joya discursiva: ahora, además del Trato Digno, anunció que los derechohabientes recibirán un “apapacho institucional” cuando lleguen a sus clínicas. Sí, así como suena.Según Batres, el “apapacho” será ese primer gesto amable que el paciente necesita apenas cruza la puerta, porque —dice él— “ese buen recibimiento ya tiene un contenido terapéutico”. Una especie de abrazo emocional cortesía de la institución… aunque no necesariamente acompañado de citas disponibles, estudios rápidos o surtimiento completo de medicamentos.La estrategia incluye módulos de orientación, personal con chalecos especiales, protocolos de atención y talleres de “humanización”. Todo suena muy bien en papel. El problema es el de siempre: el apapacho no cura infecciones, no baja la fiebre y no sustituye el medicamento que no aparece ni en farmacia ni en inventario.Y mientras se habla de abrazos institucionales, los pacientes siguen reportando lo mismo de siempre: filas desde la madrugada, consultas que tardan semanas en conseguirse, recetas incompletas y áreas saturadas. Pero eso sí, ahora habrá “apapacho”.Al final, queda la sensación de que es más fácil anunciar cariños desde el micrófono que resolver los problemas reales del sistema. Porque si la solución fuera una sonrisa, un chaleco nuevo y un discurso emotivo, México ya sería líder mundial en salud pública.El apapacho se agradece… pero el tratamiento se necesita.